La estabilidad democrática de Botsuana a prueba

07.10.2019

Artículo publicado en esglobal

Halagado como uno de los países referentes en democracia en África, Botsuana pone a prueba sus cimientos en las elecciones generales del próximo 23 de octubre. La estabilidad política ha saltado por los aires tras las tensiones entre el presidente Mokgweetsi Masisi y su predecesor Ian Khama, que ha provocado la marcha de este último del partido en el gobierno, el Partido Democrático de Botsuana (PDB) y su anuncio de apoyo a la oposición. La normativa sobre la caza de elefantes, la prohibición del uso del alcohol y la política exterior son los temas a debate cuyo futuro dependerá de si el PDB consigue mantenerse en el poder en un país que intenta centrarse en reducir la elevada desigualdad económica.

Con tan solo dos millones de habitantes, este pequeño Estado del sur de África se había labrado los elogios internacionales por ser un ejemplo de estabilidad democrática. Hasta este año la calma reinaba en Botsuana, pero las diferencias entre el presidente Mokgweetsi Masisi y quien le nombrara su sucesor, el expresidente Ian Khama, pondrán a prueba la salud democrática de un país poco acostumbrado a cambios políticos. A pesar de que el Partido Democrático de Botsuana (PDB) ha ganado todas las elecciones de la independencia del Reino Unido en 1966, el país es considerado el segundo Estado más democrático del continente, -por detrás de la isla Mauricio- y el 28º a escala global, según el índice anual de democracia que elabora la revista The Economist, por encima de Francia, Bélgica e Italia.

En las últimas elecciones, celebradas en 2014, el PDB bajó por primera vez del 50% de los votos, aunque el sistema de sufragio directo del país permitió a esta formación renovar la presidencia y la mayoría en la Asamblea Nacional por undécima vez desde la independencia. El aviso hace cinco años puede tornarse en realidad con la deserción de Khama, quien rompió el carnet de su partido y confía ganar con su nueva formación, el Frente Patriótico de Botsuana (FPB), sumando con la coalición opositora Paraguas para el Cambio Democrático (PCD). El más beneficiado puede ser el líder de esta coalición, Duma Boko, quien quedó segundo en los anteriores comicios. Khama ha cumplido el máximo de dos mandatos que rige la Constitución y no puede presentarse a las elecciones, por lo que su partido ha presentado como candidato a una cara nueva, Biggie Butale, quien no tiene la misma popularidad que el expresidente.

Hasta ahora la calma política había permitido a Botsuana desarrollar su economía sin sobresaltos. Para el país es clave la exportación de diamantes, que lo ha llevado a sostener un crecimiento económico de alrededor del 5% anual durante la última década y el Banco Mundial prevé que se mantenga en torno al 4% hasta 2021. Este crecimiento le permitió pasar en los 90 de ser considerado un país de ingresos bajos a uno de ingreso nacional bruto medio-alto, con una renta per cápita de 7.750 dólares anuales de media, muy lejos de los menos de 1.000 dólares al mes de los Estados de ingresos bajos.

Sin embargo la riqueza de los minerales no ha llegado al grueso de la población. Bostuana es el cuarto país con mayor desigualdad económica en el mundo -solo por detrás de Lesoto, Haití y Suráfrica-según el coeficiente de Gini. Además, los jóvenes no encuentran salida laboral y aquellos entre 15 y 24 años representan el 51% de los desempleados. A pesar de que la pobreza ha disminuido con el paso del tiempo, hasta un 16% de la población no llega al nivel de algunos de sus vecinos de la región, un 30% adicional vive tan solo por encima del umbral de pobreza.

Los ingresos comienzan a diversificarse en una economía todavía demasiado vulnerable ante los cambios en el mercado internacional del precio de los minerales, como advierte el Banco Mundial. En los últimos años se ha incrementado la contribución al PIB del sector finanzas y servicios, con el aumento del comercio y el turismo, hasta tal punto que esta última ya supera en valor añadido al sector minero, aunque este tiene una fuerte incidencia en otros ámbitos como el manufacturero.

Las elecciones generales del próximo 23 de octubre mostrarán hacia dónde quieren los Batswana -"la gente de" Botsuana- que vaya su país en materia económica y política. En contienda están dos visiones en materias tan diversas como la caza de elefantes, el consumo de alcohol y la política exterior, entre otras. Dos maneras de entender un país representadas por dos mandatarios que han personalizado una política nacional en la que tiene un gran peso la figura del jefe del Ejecutivo.

Historia de un divorcio político

El anuncio de Khama el pasado 25 de mayo de romper con su partido fue un terremoto en la política de Botsuana. Hijo del héroe de la independencia y padre fundador del país, Seretse Khama, Ian había sido el cuarto presidente de Botsuana entre 2008 y 2018 y era el líder omnipresente del PDB. Él fue quien colocó como su vicepresidente en 2014 a Masisi, al que después nombró su sucesor. En marzo de 2018, año y medio antes de las elecciones, Khama cumplió con la tradición del país de dejar el cargo en manos de su sucesor, un movimiento típico en la política nacional para familiarizarse con las instituciones y empezar a ser conocido entre el electorado.

Una vez en el poder, Masisi, que se había comportado como alguien fiel a Khama, comenzó a cambiar su comportamiento. Admitió que fue un "zalamero del presidente" y comenzó a imponer su orden. "Masisi restringió las ventajas y privilegios de Khama, frenando incluso las salidas a pilotar con aviones oficiales que el expresidente hacía cuando quería", afirma el investigador del Institute for Security Studies, Peter Fabricius. A ello le sumó el cambio de la importante cartera de Turismo a la de Juventud y Deporte del hermano de su predecesor, Tshekedi Khama, a quien el expresidente pretendía que Masisi lo colocara de vicepresidente, según Leonard Sesa, analista político de la Universidad de Botsuana.

Caza, alcohol y política exterior: dos posturas enfrentadas

Botsuana ha sido un país de referencia para los cazadores de elefantes. El sector daba empleo a 17.000 personas y representaba una octava parte de los beneficios del turismo. Hasta allí iba el Rey Emérito de España, Juan Carlos I, donde se rompió la cadera en su última cacería en abril de 2012. Menos de año y medio después entraba en vigor la ley que prohibía la caza en toda Botsuana. A pesar de contar con más de 130.000 elefantes en 2014, más de un tercio del total en la sabana africana, la población de estos animales había descendido en un 15% en cuatro años, según datos del Gran Censo de Elefantes.

Cinco años después, Masisi ha revertido la política y permitirá la caza de 400 elefantes cada año ante la crítica de quienes consideran que empeorará la imagen de Botsuana. El Presidente lo ha justificado en que la migración de estos animales ha causado la destrucción de tierras. "Esto hace que las comunidades locales cada vez apoyen menos la conservación animal, haciéndoles más propensas a la caza furtiva", asegura el investigador del proyecto ENACT, Richard Celin. Una práctica ilegal que supone la muerte de unos 80 elefantes al año en el país.

El levantamiento de la prohibición no es el único motivo de tensión. Masisi ha propuesto revisar la política de control del consumo de alcohol impuesta por su predecesor. Botsuana es uno de los 10 países que más alcohol bebe del continente con un consumo medio por persona (mayor de 15 años) de 8,4 litros de alcohol puro al año, según un informe de la Organización Mundial de la Salud. A su llegada al poder en 2008 Khama estableció un impuesto especial progresivo que llegó al 55% -llegando a amenazar con subirlo al 70%- y adelantó dos horas el cierre de bares y discotecas. Sin embargo, el consumo en su mandato no se redujo más que 0,2 litros por persona y Masisi ha decidido emprender una nuevo rumbo: "Debemos equilibrar los problema de salud con las necesidades del sector de retener y crear empleo", dijo. Como primeras medidas ha rebajado el impuesto a un 35% y ha prometido flexibilizar los horarios de bares y venta de alcohol, a lo que ha sumado la creación de un grupo de trabajo con representantes del sector de la salud y de la industria del alcohol para crear una nueva política de alcohol.

Por último, está la posición de Botsuana más allá de sus fronteras. Khama promulgó una política única distanciándose de sus socios en la política regional e internacional. Criticó la salida de Suráfrica de la Corte Penal Internacional y se alineó contra el gobierno de Zimbabue, algo que no sentó bien en la Comunidad de Desarrollo del África Austral y que llevó a que los socios le acusaran de no estar comprometido con el desarrollo del continente, como asegura Fabricius. Khama, además, se diferenciaba de muchos países africanos en su distanciamiento con China, de quien criticaba su poca calidad en los trabajos y su rechazo al Dalai Lama y la causa del Tíbet.

Pero la llegada de Masisi al Gobierno ha cambiado 180 grados la política exterior de Botsuana. El Presidente ha apoyado el nuevo Ejecutivo de Emmerson Mnangagwa en Zimbabue y ha viajado a China en la primera visita oficial de un mandatario del país desde 2006, antes de la llegada de Khama.

La disputa política pone también en entredicho el futuro de la economía del país. Hasta ahora Botsuana mantiene la mejor calificación de crédito de África, según la compañía Moody's, pero la inestabilidad que puede sufrir el país tras las elecciones puede afectar a la planificación económica, centrada en reducir la desigualdad en los ingresos, el desempleo juvenil y la dependencia económica de un Estado, cuyo gasto público supone un tercio del PIB y que emplea al 53,7% de los ciudadanos.

Vision 2036: acabar con la desigualdad

El descubrimiento de las minas de diamantes un año después de la independencia supuso un cambio radical en la economía del país. A día de hoy hay cuatro minas de diamantes abiertas, entre ellas la más rica y valiosa del mundo, Jwaneng, y la exclusividad de la explotación la tiene la Debswana Diamond Company, propiedad 50% del gigante minero De Beers y 50% del gobierno de Botsuana. Alrededor de un 20% de la población está empleada por este sector que supone el 90% de las exportaciones del país y un 50% de los ingresos públicos.

Los minerales han permitido al país pasar de ser un Estado pobre a un país de ingreso medio-alto, pero han convertido a la economía en dependiente de las fluctuaciones del mercado internacional y se teme que en un plazo de tres décadas las reservas se vacíen.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido de la necesidad de diversificar su economía. "El Gobierno debe hacer que el sector público sea más eficiente, privatizar empresas clave y permitir la competencia", recomendó Enrique Gelbard, jefe del equipo asesor del FMI.

Diversificar la economía, incrementar la competitividad, fomentar el emprendimiento y abrirse a las inversiones son los retos de Botsuana expuestos en el plan nacional Vision 2036. Implementado por Khama en 2016, el plan reconocía las carencias productivas del país y se propone como objetivo convertir a Botsuana en un Estado de ingresos altos en los próximos veinte años.

Para conseguir un crecimiento económico sostenible el Ejecutivo apuesta por incrementar las partidas dedicadas al I+D+i, fomentar el emprendimiento y la empresa privada, relajar las regulaciones para la inversión extranjera y modernizar los sectores de la minería y la agricultura mediante el uso de la tecnología.

De momento Masisi no ha revertido el plan de su predecesor, que fue elaborado tras una consulta a gran escala con los ciudadanos. Queda por ver si la división entre presidente y expresidente afectará también a la planificación a largo plazo de la economía de Botsuana o si la clase política une sus fuerzas para acabar con la desigualdad y el desempleo.