El apartheid de las vacunas: qué significa para África

13.05.2021

El pasado 6 de abril el presidente de Namibia salió enfadado en los medios: "Hay un apartheid de las vacunas", dijo Hage Geingob. Un día más tarde, se unía en su llamamiento el Ministerio de Exteriores de Kenia: "Los países que producen vacunas han comenzado un nacionalismo, posesivo y discriminatorio que solo puede ser descrito como apartheid de las vacunas". Pero, ¿qué es el apartheid de las vacunas para África? John Nkengasong, director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de la Unión Africana, lo describe así: "Europa está intentando vacunar al 80% de su población este año. Estados Unidos a todos sus ciudadanos. Les vacunarán, pondrán restricciones fronterizas y entonces África se convertirá en el continente del Covid. En África esperamos inmunizar a un 60% de la población en los próximos dos o tres años. Debemos conseguirlo, ya que si se retrasa y tardamos cuatro o cinco años el virus se convertirá en endémico en nuestras comunidades".

El continente africano teme que el acaparamiento de los países desarrollados de las vacunas le convierta en el epicentro mundial del coronavirus y provoque un cierre perimetral que bloquee sus economías. Un indicio que ya se puede observar: en abril, Reino Unido incluyó a Kenia en su lista roja de 40 países con los que tiene sus fronteras cerradas tras el aumento de casos en la capital. Con Kenia, la mitad ya son africanos.

África tan solo ha recibido el 2% de vacunas a nivel global a pesar de contar con un 17% de la población mundial. El continente ha puesto al menos una dosis a un 1,14% de su población, ocho veces menos que la media mundial, de 8,56%. La falta de oferta de vacunas, los retrasos en las entregas, la baja capacidad sanitaria para implementar las que llegan y la falta de confianza ciudadana en la vacuna de AstraZeneca tras las noticias de potenciales efectos secundarios ralentizan la inmunización en África. Ahora, el nuevo récord de casos registrado en India hace temer al continente con una caída en la llegada de vacunas que les exponga todavía más. Allí se producen el 70% de las que llegan a Áfricay el gobierno indio ya ha anunciado la prohibición de exportar dosis. "Esto trastoca severamente nuestros objetivos de vacunación y lo hará durante las próximas semanas o quizá meses", asegura Nkengasong.

La petición de los países en desarrollo para desregular las patentes del coronavirus ha chocado con los países más desarrollados. Su negativa hace virar todavía más la mirada africana hacia China. El gigante asiático busca introducir sus vacunas en el continente y mostrar su interés por el bienestar del continente. La diplomacia de las vacunas prevé girar todavía más el tablero geopolítico africano hacia Asia.

Desregular la patente: una potencial solución


El objetivo de África a corto plazo es claro: conseguir vacunas. A finales de abril tan solo habían llegado 38 millones de dosis para un continente de más de 1.200 millones de personas. La baja oferta inicial se ha unido con la falta de capacidad económica para luchar contra los países desarrollados.

La Unión Africana por el momento no ha conseguido comprar suficientes vacunas: a día de hoy, no tiene ni una dosis por cada tres africanos. Mientras, la Unión Europea ha comprado suficientes vacunas como para hacer 4,88 inyecciones a cada ciudadano comunitario, Reino Unido hasta 8,18 dosis y Canadá, el país que más acapara, tiene tantas como para meter hasta 10,40 pinchazos a cada canadiense, según datos del Global Health Innovation Center de la Universidad de Duke. Algunos de estos países pretenden donar el excedente, pero el ritmo es todavía demasiado lento.

En octubre de 2020, Sudáfrica e India iniciaron un petición en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para imponer una moratoria en la patente de las vacunas que permita a todo el mundo conocer la receta para poder manufacturarlas y distribuirlas. Al haber mayor producción, su coste también disminuiría, siendo más fácil inmunizar a la población.

La suspensión temporal se encontró con el rechazo inicial de los países más desarrollados, cuyo veto impide su aprobación al necesitar un mínimo de tres cuartas partes de los apoyos, es decir, 123 votos de los 164 países que conforman la OMC. Sin embargo, poco a poco más países se han ido uniendo en apoyo de la moción y tras contar ya con más de cien países a favor, Estados Unidos dio un paso al frente el pasado 5 de Mayo. "(EE.UU.) defiende los derechos de propiedad intelectual, pero en pos de acabar con la pandemia, apoya la suspensión de tales protecciones para las vacunas de la Covid-19", anunció Katherine KAI, embajadora estadounidense ante la OMC. A la mañana siguiente, España se mostró dispuesta a apoyar tal desregulación y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, aseguraba ante la prensa que la Unión Europea estaba abierta a debatir la propuesta.

Fechas clave para la posible suspensión de las patentes:

    • Cumbre Global Health G-20 en Roma, del 21 al 23 de mayo
    • Asamblea Mundial de la Salud de la OMS, 24 de mayo al 1 de junio
    • Consejo sobre los Acuerdos de Propiedad Intelectual (ADPIC) de la OMC, 8 al 9 de junio


Si la gente se está muriendo en todo el mundo y la prioridad es vacunar, ¿por qué no desregular las patentes? Los países que por el momento se oponen se remiten a su financiación de la iniciativa global COVAX, que adquiere vacunas a bajo precio para países que no pueden permitirse su compra en el mercado. "Europa es ahora mismo la farmacia del mundo y estamos orgullosos de ello", ha llegado a decir la presidenta Von der Leyen. La plataforma pretende que para finales de año un 20% de la población de cada país, independientemente de sus ingresos, esté vacunado. Sin embargo, estos números están lejos de los necesarios para poder erradicar el virus.

Estas naciones también defienden su negativa argumentando que sin las patentes las farmacéuticas se quedarían sin incentivos para producir más vacunas. Además, argumentan que quitarles los derechos y beneficios sería una medida injusta tras haber hecho los esfuerzos científicos y tecnológicos para crearlas. Las acciones de las principales empresas farmacéuticas --Pfizer, BioNTech, Moderna y Novavax-- se desplomaron tras el apoyo de EE.UU. a la desregulación. Por poner en contexto el potencial económico: tan solo la empresa Pfizer prevé ingresar 26 mil millones de dólares en 2021 con las vacunas para el Covid-19.

Más allá de la necesidad de recuperar la inversión y generar rentabilidad, el sector esgrime que liberar las patentes no es una solución efectiva ya que los países menos desarrollados no tienen la capacidad para producirlas en masa. "La producción no funciona apretando un botón, asegura Thomas Cueni, director de la Federación Internacional de Fabricantes y Asociaciones Farmacéuticas (FIFAF). La organización critica la decisión de Estados Unidos ya que, asegura, no solo no ayudaría a mejorar la situación en países de bajos ingresos, sino que pondría en jaque la vacunación mundial al generar un descontrol de la producción.

En su lugar, las farmacéuticas defienden que para incrementar la producción se deben solventar las barreras al comercio, los cuellos de botella en la distribución y la escasez de materias primas, además de haber una verdadera "voluntad por parte de los países ricos de ceder dosis a los más necesitados". La industria se defiende asegurando que están colaborando en la producción de vacunas en lugares en desarrollo como el Aspen Pharmacare en Sudáfrica, con dosis de Johnson & Johnson, o el laboratorio indio Serum Institute, el más grande del mundo y donde se concentra la producción de la vacuna de AstraZeneca.

Sin embargo, la restricción del gobierno indio a la exportación de material sanitario muestra la excesiva dependencia del continente africano del exterior. África solo manufactura el 1% de las vacunas que recibe, con tan solo cuatro laboratorios con capacidad a día de hoy para desarrollarlas desde cero en Senegal, Túnez, Argelia y Sudáfrica, con Nigeria y Etiopía preparándose para ello. Nkengasong asegura que el objetivo es aumentar la capacidad para poder producir hasta un 60% de las vacunas que África necesite para 2040.

Para ello el continente no solo deberá aumentar drásticamente su capacidad industrial, sino también mejorar la unión y regulación sanitaria. África no cuenta con una entidad continental de medicamentos que regule, coordine y estandarice la producción, uso y distribución de material sanitario. La pandemia ha acelerado la llamada para crear la Agencia Africana de Medicamentos, iniciada en 2019, pero por el momento tan solo 8 de los 55 países la han ratificado en sus parlamentos nacionales.

Aislamiento económico

África ha esquivado los peores números sanitarios de la pandemia. A pesar de contar con un 17% de la población mundial, el continente ha sufrido menos de un 3% de los casos a nivel mundial. Sin embargo, la excesiva dependencia del exterior provoca que el continente sufra peores consecuencias económicas. En una encuesta de Afrobarometer en cinco países de África Occidental los resultados mostraron que tan solo un 2% de las familias tenía a un miembro que había contraído el virus, mientras que un 28% aseguraba contar con alguien que había perdido su trabajo o fuente principal de ingresos.

El continente lideraba el crecimiento económico mundial hasta que el coronavirus ha frenado en seco sus previsiones. África sufrió su primera recesión en 25 años en 2020con una contracción de la economía continental del 2%. Tras la pandemia, la economía regional tendrá la recuperación más lenta de todo el mundo. El Banco Mundial prevé un crecimiento entre el 2,3% y el 3,4%, menor a la media global de un 5,5%, y cita la lenta llegada de vacunas como uno de los principales motivos del freno en la recuperación. El Fondo Monetario Internacional añade que la baja capacidad fiscal hará que los países pobres y en desarrollo solo puedan gastar hasta un 4% de su PIB en paquetes de estímulo, hasta cuatro veces menos que los desarrollados.

La dependencia comercial y económica del exterior provoca que el cierre de fronteras aísle al continente y afecte a todos los sectores. El más evidente es el turismo. La caída del 70% en los vuelos internacionales en los primeros ocho meses de 2020 ha arrasado con un sector que supone el 7,1% del PIB continental y en el que el 80% son pequeñas y medianas empresas.

Para los países isleños, la llegada de turistas no es solo importante sino crucial, ya que su principal fuente de ingresos proviene de ellos. En Seychelles son conscientes de ello y es el único país africano que ya ha vacunado con las dos dosis a más de la mitad de sus ciudadanos, con lo que busca reactivar el sector turístico, que contribuye el 66% del PIB. Además, para incentivar el turismo la Unión Africana está desarrollando un pasaporte Covid digital para verificar que eres no eres portador del virus desde tu móvil en tu país de origen. Pero con las fronteras cerradas no servirá de nada.

Más allá del turismo, el miedo real de África es sufrir desabastecimiento de suministros. Los países necesitan del comercio con el exterior para mantener sus balances económicos. El comercio entre países africanos tan solo supone un 13% del total, mientras que con la Unión Europea, principal socio, es de hasta un 31%. En ese balance comercial, dos terceras partes de los productos que salen de África son materias primas como alimentos y recursos naturales, mientras que el 70% de lo que entra son productos manufacturados.

Sin el envío al exterior de petróleo y gas, países como Angola, Mozambique o Nigeria, se quedarían sin la mayoría de sus ingresos, al igual que con la exportación de cacao para Ghana o Costa de Marfil, desde donde sale el 70% de la producción mundial, o de té negro para Kenia, principal exportador mundial. A su vez, un tercio de todo lo que llega de Europa es maquinaría y vehículos, a lo que se suma el petróleo ya refinado y productos como teléfonos, ropa o medicamentos necesarios para vivir. La vacunación es vital y ante la falta de medidas, China intenta ocupar el hueco.

La diplomacia de las vacunas

"Hemos pagado por las vacunas y no hemos recibido las cantidades prometidas, dependemos de amigos como India y China", dice Geigob, presidente de Namibia. El país que dirige recibió a mitad de marzo las primeras dosis de la vacuna china Sinovac y con ella comenzó su proceso de vacunación. China es el país que más vacunas ha enviado a África en suministro bilateral, siendo la Sinopharm la segunda vacuna más extendida en el continente tras la AstraZeneca, que reciben a través de COVAX. Además, Egipto ha llegado a un acuerdo para ser el primer país africano en producir dosis de Sinovac.

Las compras se hicieron antes de estar aprobada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los estudios iniciales en China aseguraban un 79% de efectividad en la vacuna Sinovac y hasta un 91% en la Sinopharm, pero pruebas posteriores en Brasil redujeron hasta un 50% la efectividad de la primera, poniendo en duda las pruebas en laboratorios chinos. Un estudio posterior en Australia asegura que esa cifra solo es solo para casos leves, pero que para casos que necesitan atención médica la efectividad es de hasta un 84% , aumentando a un 100% para casos de extrema gravedad. El pasado 7 de mayo, la OMS aprobó la vacuna Sinopharm para su uso de emergencia tras una valoración reciente de expertos sanitarios que indicaba que las vacunas chinas sí son eficaces y se espera que pronto haga lo mismo con la Sinovac, lo cual aumentará la compra de vacunas chinas.

A pesar de las dudas iniciales, los países africanos nunca han frenado la compra de dosis chinas ante la necesidad de atajar los casos más graves. En enero de 2021, el continente superó la tasa media de muertes global por casos de coronavirus en medio de la segunda y tercera ola en algunos países, con 2,69% muertes por casos de Covid-19 por un 2,08% global. Nkengasong teme que una nueva ola como la que ha ocurrido en India dispare las muertes en el continente. "No tenemos suficientes trabajadores sanitarios ni suficiente oxígeno", advierte.

China intenta asociarse al continente como un socio de confianza en el que puede confiar.La salud es una de las prioridades dentro de sus relaciones con África incluso antes de la pandemia. En el Foro de Cooperación África-China en Beijing de 2019 se estableció la salud pública como una prioridad en la cooperación y un año antes, el gobierno de Xi Jin Ping ya había acordado financiar con 80 millones de dólares la construcción de la sede del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de la Unión Africana, inaugurada en diciembre de 2020 en Adís Abeba, Etiopía.

Su director solo tiene palabras de agradecimiento: "Apreciamos lo que China está haciendo en el continente y llamamos a otros a unirse a su esfuerzos", dijo Nkengasong en el inicio de la pandemia. Cuando el continente más necesitaba material sanitario, China respondió. El gobierno envió siete equipos médicos a una quincena de países y promocionó el envío de material sanitario por parte de Jack Ma, fundador de Alibaba, quien en tres envíos hizo llegar millones de mascarillas y cientos de miles de equipos de protección, kits para hacer tests, ventiladores para respiración asistida, termómetros y demás.

La ayuda tangible realizada por China en los peores momentos de la pandemia ha ayudado a reforzar su imagen ante los líderes continentales y su creciente venta de dosis sitúan al gigante asiático en la cabeza de la carrera por ganar la diplomacia de las vacunas. Ahora, el apoyo de Estados Unidos a la liberación de las patentes busca contrarrestar la posición de China en África.

El continente africano está intentando por todos los medios inmunizar a su población. África necesita vacunas y no cierra las puertas a nadie. "Los países ricos pueden tener sus lujos de qué vacunas escoger, pero nosotros no tenemos opción", admite Nkengasong. En esa tesitura, China ha estado aprovechando la incomparecencia de los países occidentales para situar al continente a su favor.

El rechazo de los países occidentales a desregular la vacuna y las medidas de cierre de fronteras como la que ha impuesto Reino Unido no solo aumentan la desigualdad y la pobreza al aislar todavía más a África del mundo, sino que posicionan al continente a favor del gigante asiático en el tablero geopolítico mundial. En la mano de los países occidentales está equilibrar la balanza.